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Contra esto y aquello

Diario de un republicano socialdemócrata (vamos, hoy por hoy un utópico)

Mal perder



Italia era un país que sufría de un mal crónico: la balcanización política. Los gobiernos, siempre débiles, eran demasiado fugaces. Se cambió la ley electoral para favorecer mayorías más amplias, reforma que, según han dicho los medios de comunicación ante las recientes elecciones, Berlusconi llevó a cabo para favorecerse a sí mismo.

Pues no le sirvió. Bien que por un margen muy escaso, su propia trampa se ha vuelto contra él y ha perdido. Quizá por eso, porque la trampa la ideo él y sabe de su perversidad, es por lo que se resiste a aceptar su derrota. O tal vez porque esa actitud es un atavismo de la forma de hacer política (y de pensamiento político) que él defiende...

En España, como supongo que en otros lugares, era costumbre que las elecciones las ganase el partido del gobierno que las organizaba. Tal tendencia se quebró en noviembre de 1933, cuando los restos del gobierno republicano social-azañista convocaron unos comicios que ganó la derecha antirrepublicana. El poder se entregó y ya está. Tiempo después, los restos del gobierno radical-cedista se encargaron de preparar las elecciones de febrero de 1936, en las que ganó en Frente Popular... Pero aquí ya la cosa fue distinta. Desde el principio, acusación de fraude (acusación aún hoy defendida por algunos) y justificación, por tanto, de la rebelión militar que acabó con la República.

Muchos años después, un gobierno de derechas, seguro de ganar unas elecciones, mintió a la sociedad española, que se hallaba conmocionada por un terrible atentado. Seguros del triunfo, quisieron apuntalarlo señalando como autores de la masacre a quienes no eran, algo que sin duda les hubiese favorecido. Sin embargo, la jugada les salió mal y perdieron. Muchos de ellos aún no han aceptado la derrota o, si lo hacen, es, como vulgarmente se dice, con la boca pequeña. En ocasiones les traiciona el subconsciente y dicen aquello de que el actual presidente del Gobierno entró en las Cortes subido en un tren de cercanías (en analogía con el episodio de Pavía y el fin de la Primera República...)

Y ahora Berlusconi habla de fraude en unas elecciones que ha organizado él y con una ley electoral a su medida. ¿Atavismos? Por muy tópico que parezca, hay que conocer la historia para que no se repita...

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